Viene del capítulo I:
Supongo que en el siglo XII una persona estúpida llevaría una vida miserable a causa de sus contínuos errores, o una vida muy corta, consecuencia de algún error definitivo; pero desde comienzos del siglo XX existe un pequeño invento de plástico que pone en igualdad de condiciones de resolución a las personas ordenadas y despistadas: La tarjeta de crédito.
Es decir, pasado el susto y recuperadas las constantes vitales, se riega el cerebro y se visualiza todo: El avión se ha ido y no me sé ni un sólo número de teléfono de la agenda, pero tengo el dinero.
Voy al mostrador, y espero a que atiendan a otros dos idiotas con el mismo problema que yo.
- buenos días (tardes) señorita, me pasa ésto.
- no se preocupe, con la función “rescue” usted puede coger el siguiente avión, si hay plazas. Le va a costar €€€
- ok (podría llegar justo a la prueba de sonido, y vaya nombre más tonto) Hay plazas? Puedo pagar con tarjeta?
(2 minutos al teclado) – Hay plazas. Sí
- ok. €€€
- Lo sientoseñor, no me lee su tarjeta
(oh my god) – inténtalo otra vez maldita hija de satanás.
- Ahora sí, gracias.
- Gracias a tí €€€
Lo siguiente es la obligada discusión con el tipo de facturación sobre mi obligación de llevar el bajo en cabina, y su obligación de no dejarme subir un instrumento tan grande en cabina.
Cuando le tengo a mi merced aparece su escandalizado jefe diciendo que en un avión de su compañía low cost lo más que se puede subir es una trompeta, y que si quiero subir el bajo, tengo que comprar otro billete low cost para él (para el bajo, se entiende). Hablamos de pastizal y le devuelvo el golpe diciendo que de haberlo sabido, pasaba del “rescue” y me hubiera ido en AVE, y que quería que me cancelaran mi nuevo billete. El tipo empezaba a recular, cuando de repente aparece un tercer hombre y menciona el “grave inciddente de la semana pasada”, con lo que empiezan a hablar entre los tres de que no puede ser, hasta que me da un ataque de asertividad, grito un poco, y les convezco.
En control me quitan unas tijeritas que llevaba para un ritual personal e intransferible. Un leve y lógico incidente que aporta ironía a mi travesía por el aeropuerto.
Ya una vez dentro, sólo me queda resolver el asunto de la incomunicación mientras imagino a mis compañeros ya en barcelona y pensando cualquier cosa…
Escrito por mensO 
Escrito por mensO