Llevo un par de días sin una de las patillas de las gafas, y eso me hace feliz porque a pesar de ello se sostienen perféctamente, y resulta que mola y molo.
Con absoluta simultaneidad, me entran ganas de llorar escuchando Going to a town de Rufus Wainwright, quizá porque me hace madurar demasiado deprisa en la mañana de hoy, y eso implica pegar la patilla y volver a ser el de siempre.
El verano iba de ésto, claro.
Julio 24, 2008 a las 1:43 pm |
jajajajaa
Me parto.
Siempre innovando. Si hay gafas con montura al aire, también gafas con una patilla.
jajajajaaa