Siempre me sorprendió el mundo de la oficina. En parte porque cuando bajaba al almacén y veía aquella habitación llena de post-its, carpetas, toners y fluorescentes, me ponía un poco nervioso (cleptómano frustrado, i mean), pero sobre todo por las habladurías en plan pueblo, los grupitos, y especialemnte la erupción social de los 20 minutos del desayuno.
He estado en alguna que otra, y casi siempre me encontraba con un micromundo algo mezquino al que me alegraba de no pertenecer. (mis estancias siempre fueron ettemporales)
Pero lo cierto es que con los años uno va viendo que ocurre exáctamente igual en cualquier gremio. Somos los mismos personajes en distintos escenarios; como las series de televisión españolas, que pueden ser de profesores, policias, médicos o perodistas, pero todas van de lo mismo…
Yo por ejemplo nunca he trabajado en un circo (aunque sí en cosas parecidas) pero me imagino perféctamente al trapecista cuchicheando con el ilusionista: “mira, ese tipo es un payaso”.
O a dos contables tomando café: “Por lo que me han contado, yo no contaría mucho con él”.
Más de una vez me ha susurrado un bajista (refiriéndose al batería): “como sigamos a este ritmo, mal vamos”.
Entre camareros de un bar irlandés: “mira qué pintas me trae”.
Y mil casos más, pero esta vez seré comedido, que luego me miran raro…
Qué cierto es eso de que cuanto mayor te haces, más te das cuenta de lo poco que sabes.
Escrito por mensO