De piononos y curritos

Marzo 1, 2007

Tengo un amigo inmerso en la tarea de ser músico, que se plantea (cuando merezca ser así llamado) vivir de ello. Es por esa razón que mientras mete la cabeza en el mundillo, alterna su labor en bandas de alto copete con trabajos “normales”.

El tema es que esta vez las “comillas” son de ida y vuelta. Porque lo que en principio llamamos trabajo normal (horario regular, nómina, ubicación para el trabajo) deja de serlo por la propia denominación del mismo, que en este caso es:

Repartidor de piononos.

Me encanta. Por lo visto es un pastelito granadino de gourmet, y por tanto de postín, pero digo yo que será más bien de repostín… pero la cuestión es que me ha recordado al evento que precisamente en Marzo del 2005, cambiaría mi vida para siempre. Y es que el día que aconteció en Madrid la mayor nevada de su historia, yo comencé (y abandoné) mi prometedora carrera como:

Montador de pistas de padel.

En mi primer y último día de trabajo, nuestra misión era mover y colocar una planchas de un paradójicamente llamado cristal templado. Pesaban 300Kg cada una y las movíamos entre cinco personas. Congelado y tras batir el record de evasión de riesgos laborales, decidí dejarlo a mitad de jornada. Y enfocar un poco en serio mi vida hacia lo que más me gusta y quizá sepa hacer

:)

El caso es que cuando uno busca un trabajo “normal” y esporádico acaba haciendo cosas muy raras. Yo he hecho muchas, pero esa fue, sin duda, el punto de inflexión que me hizo recapacitar, aunque luego me dedicara a escanear decenas de miles de recetas médicas al día (sin exagerar, la medía eran 30.000).

Así que ya metidos en harina, os propongo mencionar los trabajos más extraños que hayais hecho en vuestra vida, y nos reímos un rato.