Te despiertas a las tantas y, tras subir la persiana, comprendes que estás ante el domingo más bonito de febrero.
Una ducha y el traje de los domingos te sitúan en la pole position de la hora del bermú, y cuando el semaforo se pone en verde entiendes que el amor existe, que es sólo cuestión de dar vueltas, y de repente Madrid tiene sentido.
Pasear es el lujo más barato del mundo, pero además en días como estos, los padres son felices de ser padres, los hijos son (como consecuencia) felices, las parejas van de la mano de sus proyectos, y los solitarios disfrutan de la fraternidad reinante.
Después atardece, y las casas se llenan de recuerdos. De pequeños esfuerzos, y alguna duda. Para algunos ya es lunes, y para otros es lectura. Y quizá ciertas sensaciones las guardemos de por vida, para de vez en cuando rescatarlas en forma de nostalgia, o de lo que cada uno prefiera.
Te acuestas a las tantas y, tras apagar la luz de la mesilla, comprendes que se acaba el domingo más bonito de febrero.
Ni más… ni menos.
Escrito por mensO